Del mismo modo que en toda América la historia del vino chileno comienza con el arribo de los colonizadores a las nuevas tierras. Cristóbal Colón ya portaba consigo las primeras vides y es que la producción de vino para la misa era una labor indispensable. Frailes y curas fueron quienes vieron nacer la industria vinícola en las periferias de Santiago. El 4 de septiembre es conmemorado como Día Nacional del Vino Chileno.

Hoy en día Chile ocupa la quinta posición a nivel mundial de los países con mayor producción y exportación de vino. Y es que son aproximadamente 500 millones de litros los que se producen de manera anual en el país. Entre sus más destacadas regiones vinícolas se encuentran: Valle del Maipo, Valle del Maule, Aconcagua, Huasco y Elqui, entre otras tantas. El clima casi mediterráneo (cálido y seco) beneficia las condiciones de los vinos tintos. En los viñedos chilenos las principales cepas son: Cabernet Sauvignon, Sauvignon Blanc, Syrah, Merlot y Carménerè. Siendo esta última cepa la más destacada joya de la corona para la cultura vinícola chilena.

Dentro de la gastronomía el vino tinto o rosado suele acompañarse con aperitivos como jamones ahumados, embutidos y dátiles. Los tintos chilenos son simples y rústicos. Sus vinos poseen un color carmín intenso de brillo intermedio, además están provistos, en la mayoría de los casos, de perfumes otoñales (notas aromáticas maderosas y terrosas) mientras que en el sabor sobresalen las características frutales y semidulces. Por su lado, los vinos blancos son más frescos y destacan por su incomparable cuerpo.

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