La tradición vinícola de Hungría precede a su conquista por parte del imperio romano pues con anterioridad ya existían viñedos dedicados a la elaboración del vino en el noroeste del país. Los vinos característicos de Hungría son los blancos distintivos por su aroma dulce y gran cuerpo. Hoy en día la elaboración del vino blanco ocupa poco más del 70% de la producción nacional.

Hungría posee una rica variedad de cepas nobles como: Cabernet Sauvignon, Kékfrankos, Olaszrizling, Leányka, Kékopotó, entre otras. De entre sus regiones dedicadas al cultivo de la vid y a la elaboración del vino blanco destacan: Eger, VIllány, Székszárd, Badácsony y Tokaj Hegyalja. Siendo ésta última región su joya más preciada pues en 2002 fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. De igual forma el vino más representativo del país es el Tokaj, el cual comenzó su comercialización en Europa para mediados del siglo XVIII y desde entonces los elogios y exaltaciones (más que merecidas) por parte de poetas, reyes e incluso papas no ha cesado.

Debido a sus cualidades armoniosas este tipo de vinos es consumido en compañía de aperitivos que estimulan el apetito pero también suele acompañarse de comidas más completas como mariscos, crustáceos, carnes blancas y ensaladas. Los vinos blancos producidos por Hungría son internacionalmente reconocidos por poseer un carácter fresco y aroma dulce que dan prueba de su excelente calidad

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